Hoy queremos compartir con todos vosotros este nuevo artĂ­culo escrito por Eduardo Luna, director de Radio La Manigueta, que nos explica mĂ¡s en profundidad la urna de plata del Santo Sepulcro.

El origen de la urna de plata del Santo Sepulcro de Cabra

Dos siglos y medio hace que en Cabra tuvo lugar la consecuciĂ³n de uno de los proyectos mĂ¡s ambiciosos del patrimonio cofrade de nuestra ciudad. La Semana Santa de mediados del siglo XVIII era muy diferente a lo que conocemos hoy en practicamente todos los sentidos. La gran ArchicofradĂ­a de JesĂºs Nazareno alcanzaba un poder de influencia en todos los sentidos y capas de la sociedad egabrense que le permitĂ­a ejercer su poder no sĂ³lo en la propia Semana Santa si no en la propia vida del convento de San MartĂ­n. La portentosa Imagen Titular de la CofradĂ­a, Nuestro Padre JesĂºs Nazareno, era la columna vertebral de la corporaciĂ³n junto a la Virgen de los Dolores y por supuesto al Santo Entierro. Pero aquello no era suficiente para un hombre que liderĂ³ y no con pocas dificultades, la creaciĂ³n de la extraordinaria, Ăºnica e inigualable urna de plata que alberga al Cristo Yacente que conocemos en la actualidad.

Una urna de origen cordobés

El nombre de Francisco de Paula Mazuelo Valenzuela y Fajardo siendo Hermano Mayor, decidiĂ³ poner todos los recursos a su disposiciĂ³n para encargar a los mejores joyeros y orfebres del momento en CĂ³rdoba, la elaboraciĂ³n de la urna de plata del Santo Entierro de Cristo. BasĂ¡ndose en el anterior diseño de Juan SĂ¡nchez Tejero, de la primitiva urna, que podemos contemplar hoy en la Iglesia de la Soledad, se decidiĂ³ crear un monumento del arte y de la orfebrerĂ­a en plata que tantos y buenos artesanos diĂ³ en nuestra tierra. Aunque el pueblo siempre ha creĂ­ado que la urna en totalidad es obra de BernabĂ© de Oviedo y Pimentel o de su taller, las investigaciones y algunos datos como la firma con punzĂ³n en la propia urna hacen pensar que intervieron otros artistas en la creaciĂ³n de este monumento. Los nombres de MatĂ­as Llorente, TomĂ¡s Gonzalo de AlcĂ¡ntara o Rafael Tenllado (1873) nos cuentan, en diferentes Ă©pocas, que pudieron ser varios los artĂ­fices de la obra que vemos hoy. Lo que si tenemos claro es que procesionĂ³ por primera vez en 1772-73 y que albergĂ³ en dĂ­as previos a la celebraciĂ³n de la Semana Santa al Cristo Yacente que conocemos en la actualidad. fondo-sepulcro

El SantĂ­simo Cristo Yacente de Cabra obra de Cecilio Trujillo

El titular cristĂ­fero de la que hoy es CofradĂ­a del Santo Sepulcro es obra de Cecilio Trujillo y es la Ăºnica documentada. Trujillo, segĂºn el licenciado en historia del arte, Juan Manuel Valverde Bellido, fue discĂ­pulo de Torcuato RuĂ­z del Peral y podemos asegurar que en Cabra hay que otra obra correspondiente a su taller, sin documentar, consiste en un calvario propiedad de las monjas agustinas y se guarda en la clausura del Convento de Nuestra Señora de las Angustias. Si en esa urna iba el que hoy conocemos como Cristo del Calvario, que tambiĂ©n era propiedad de la ArchicofradĂ­a de JesĂºs Nazareno, ¿por quĂ© se hace una urna mĂ¡s pequeña y obliga a encargar un Cristo en Granada? Mazuelo Valenzuela liderĂ³ durante una dĂ©cada uno del los proyectos mĂ¡s ambiciosos de la historia de nuestra Semana Santa. 17040 reales fue el coste total de la obra, en la que gracias a los donativos, propiedades y alhajas de los egabrenses pudo construirse y lucir para orgullo de un pueblo aquel Viernes Santo de 1773.

Una capilla para la Hermandad del Santo Sepulcro de Cabra

Es de justicia reclamar un lugar privilegiado en algĂºn templo o lugar sagrado de nuestra ciudad para que todos podamos admirar esta obra desde sus diferentes Ă¡ngulos y valorar el rico patrimonio que poseemos. La CofradĂ­a actual, deberĂ­a trabajar en la declaraciĂ³n como BIC de la urna del Santo Sepulcro y asĂ­ protegerlo para tiempos futuros de posibles intervenciones que puedan ocasionar desagradables sorpresas. Y como no, plantear la restauraciĂ³n del Cristo Yacente y poder admirar en su forma original, si es posible, la firma y gubia de Cecilio Trujillo. Queda mucho por contar y mucho por descubrir.